Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento vegetal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento vegetal. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2009

FLORES


En el fondo de la laguna viven flores en forma de bulbo. Duermen debajo del fango. A cierta hora, cuando la temperatura del agua aumenta, se estimulan, hinchan y emiten una proboscis que se estira y viaja a través del lodo. Emergen sobre el lecho de la laguna, la punta se infla y escupe un huevo transparente. La clara es de nitrógeno y la yema presenta corrientes convectivas de azufre y magnesio. Los huevos suben hasta la superficie, se elevan, flotan, se esparcen por la atmósfera y con la radiación solar maduran. Entonces revientan. Salen pájaros invisibles que se esparcen por las nubes, alimentándose de vapor de agua y oxígeno. Por las tardes pueden escucharse sus graznidos. Con el tiempo, aquellas aves se cansan, su aliento se comprime e implotan. Caen en la laguna y sus cuerpos son depositados en el fondo, donde se mezclan con los gases del agua.
Debajo, entre el lodo, las flores duermen, desarrollan huevos.

miércoles, 29 de octubre de 2008

CEBOLLA

Casi siempre, cuando uno se corta un dedo, es rebanando una cebolla. Ay me corté. Estaba picando una cebolla. A mi me ocurrió ayer. Me pasé la hoja por la palma de la mano y como es una parte que está en constante movimiento, no cicatriza rápido. Duele horrores. Y todo por picar una chingada cebolla. Es una estadística apabullante. Esta clase de accidentes no ocurren con, digamos, zanahorias, papas o brócoli. Siempre son cebollas. Se deduce que el problema no son los cuchillos ni el que los usa: las culpables son las cebollas. Este vegetal maléfico exuda una misteriosa fuerza que procura accidentes. Es notable. Poseen en su interior una especie de cerebro maligno, con consistencia de un gel, disuelto en el núcleo de su cuerpo. A partir de ahí se generan emanaciones perniciosas que viajan por el aire y perturban los pensamientos y la química neurológica de las personas. El único tratamiento culinario que merecen estos vegetales son envueltos en papel aluminio y horneadas. No hay otra manera de impedir que ejerzan su maleficio electromagnético. Lo más importante es no acercarles un cuchillo: lo presienten, vibran y entonces cosas malas ocurren.